domingo, 8 de octubre de 2017

Demografía en España: de la época preindustrial a la actualidad.

Los habitantes y su distribución.

Cuando uno estudia ordenación del territorio, hay un elemento básico por el que empezar: cómo se distribuye la población en un espacio dado. Luego aparecen muchas otras cuestiones, con qué elementos medioambientales contamos (orografía, hidrografía, ecosistemas), de qué tipo de población hablamos, (¿hay un equilibrio por edades, por nivel educativo, por poder adquisitivo, a qué se dedican?), qué infraestructuras existen y cuáles serían necesarias, etc. Pero el primer factor es clave para entender cualquier región:  abordemos el caso de España, y empecemos yéndonos muy atrás en el tiempo.


He tenido la curiosidad de consultar uno de los primeros registros medianamente rigurosos de la población que se hicieron en España: el censo de Floridablanca, de 1787. Ha sido complicado encontrar una transposición de esta estadística a la división provincial actual (definida con posterioridad, en 1833), pero resulta un documento interesantísimo, ya que data de la época previa a la revolución industrial. Lo comparto aquí, junto con la comparación con censos posteriores, hasta llegar al presente, y el pequeño trabajo de análisis que expongo en este artículo. 

El desglose de dedicaciones describe muy bien la sociedad de aquel momento: el 57% de las personas activas se dedicaban al trabajo en el campo. No se habían producido aún las grandes migraciones a las ciudades, éstas seguían siendo una anécdota en el paisaje rural mayoritario, y cada territorio soportaba la población que la fertilidad de su tierra podía naturalmente sustentar, sin grandes trasiegos de alimentos y bienes a gran distancia, pues solo se disponía por entonces de la fuerza de la sangre.

 




Aunque la población activa según este censo fuera de tan solo 3.286.000 personas, la población total ascendía a 10,3 millones de habitantes. Es curioso ver el lento aumento demográfico –guerras de independencia mediante- cuando, 33 años después, según el censo para las elecciones de 1820, la población solo había alcanzado 10,5 millones de habitantes (nota: por ese entonces México, que lograba su emancipación junto con el resto del continente, contaba con 6 millones de personas, fue esta primera pregunta, comparar las poblaciones de España con la de sus colonias, la que me llevó a las estadísticas de Aranda, Floridablanca y Godoy).

Lo que me ha motivado a estudiar la serie histórica censal ha sido cuantificar brevemente cómo ha evolucionado el país hacia su actual estructura demográfica desde la situación preindustrial.

Punto de partida: a finales del s XVIII y principios del XIX la población se halla mucho más uniformemente distribuida. De hecho, los criterios para delimitar nuestras provincias en 1833 fueron básicamente dos, además de la coherencia histórica: 1) tamaño por superficie (desde el punto más alejado de la provincia debería poder llegarse a la capital en un día), y 2) tamaño por población (las provincias deberían tener una población entre 100.000 y 400.000 habitantes).  

Punto actual: a principios del sXXI la mayor parte de la población se encuentra concentrada en las costas, con la gran excepción de Madrid en el centro, esto es algo perfectamente apreciable en cualquier imagen de satélite por el alumbrado urbano:




Además, para ver estas evoluciones he querido distinguir tres regiones naturales:
  • La España Verde (provincias cantábricas)
  • El Litoral Mediterráneo junto con la costa atlántica andaluza, a la que le agrego Sevilla, aunque en puridad no llegue a tener costa (por 8km), más las islas Canarias y las Baleares.
  • La España Central, con dos excepciones: Madrid y Zaragoza, que analizaré aparte debido a su carácter urbano.
Acceso al mapa en CARTO


La importancia relativa de la superficie de estas regiones sobre el total del país se resume en el siguiente cuadro:




En el itinerario entre 1787 y el presente cabe hacer dos paradas:

Los años 30 del siglo pasado: la Guerra Civil 

Siempre me había preguntado por qué la república española había perdido  la guerra de desgaste que se desató tras el fallido golpe de estado de verano de 1936, si contaba con el control inicial de las grandes ciudades del país (Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao..). 


Situación grosso modo en agosto de 1936
Aun sabiendo que en la guerra el número de efectivos no lo es todo, sí es evidente que contar con una población superior a la del enemigo resulta clave para ganar un conflicto de larga duración a base de levas, como bien se explica en este foro sobre la segunda guerra mundial

Para comprobar si de verdad la zona republicana contaba con ventaja demográfica sobre la sublevada he analizado la situación en 1936, interpolado entre los censos de 1930 y 1940. Esto en sí recoge un sesgo, y es que el censo de 1940 refleja variaciones demográficas debidas a la propia guerra. Además, he trabajado con cifras a nivel provincial, y no fueron pocas las capitales que amanecieron en un bando distinto al de su provincia, como Oviedo, Córdoba o Granada, pero son los datos de partida que tenía más a mano y creo que sirven para responder grosso modo a la cuestión.

Pues bien, resulta que -además de no tener en cuenta aspectos como la ventaja en organización, experiencia y material bélico del bando sublevado- mi asunción sobre la ventaja demográfica de la zona gubernamental resultó ser falsa: era una lectura del territorio bajo las circunstancias actuales, que no eran tales en 1936, como se puede ver de un rápido vistazo:  


Como se aprecia, si bien en 1936 la relación de fuerzas estaba muy equilibrada en torno al 50% de la población del país bajo control de cada bando, esta misma división geográfica hoy correspondería a un peso demográfico de 1/3 para el medio rural bajo control franquista, vs 2/3 para el medio urbano (y también rural, ahí está La Mancha) bajo control gubernamental.

¿Qué ha ocurrido en los últimos 80 años para que se diera este cambio? esto nos lleva al siguiente punto.

El Gran Trauma

Lo que ha ocurrido es el éxodo de la España Central hacia la periferia y/o hacia el gran agujero negro demográfico que es Madrid (con un mínimo acompañamiento de Zaragoza, la provincia que más se aproxima al millón de habitantes en la España Central). 

Este fenómeno es descrito por Sergio del Molino como El Gran Trauma, en su libro La España Vacía, una lectura muy recomendable que -si bien está plagada de referencias literarias y cinematográficas en torno al fenómeno de la inmigración del campo a la ciudad, y a la desconfianza mutua de dos mundos imbricados indisolublemente- adolece de una descripción cuantitativa necesaria para entender la magnitud del fenómeno.


Síntesis, aquí


El siguiente gráfico permite ubicar nítidamente dicho vuelco demográfico en el periodo 1950-1980





Ojo, aunque la anterior evolución muestra un gran descenso de la participación demográfica de la España Central sobre el conjunto del país, he de aclarar que, en términos absolutos, lo que ha ocurrido en realidad ha sido un estancamiento de esta gran región, en un periodo de gran crecimiento poblacional del resto de zonas, ante todo del litoral mediterráneo y de Madrid. 

Tomadas en su conjunto las 23 provincias consideradas como parte de esa España Central se han mantenido en el entorno de los 9 millones de habitantes entre 1950 y 2011, si bien con fuertes movimientos intraprovinciales hacia sus respectivas capitales, dejando en el entorno rural circundante un páramo de muy baja densidad y con población muy envejecida. 

Cabría también hablar del número de municipios y su tamaño medio: por ejemplo Castilla y León, que llegó a ser una región relativamente muy poblada para el contexto europeo en la Baja Edad media, hereda de siglos pasados 2.248 municipios, esto supone el  27% de los 8.124 ayuntamientos de España, cuando su participación demográfica es hoy tan solo del 5% sobre la población total.

La siguiente tabla creo que sintetiza bien los cambios registrados:


Además en la tabla que podéis descargaros (pestaña PESO RELATIVO, columnas AB a AE) he calculado una ratio que creo interesante: la participación de cada provincia a la demografía total, dividida entre la participación de su superficie sobre la superficie total. Es una forma de hablar de densidad de población relativa a la densidad media del país en diferentes momentos de la historia, de modo que cuando es igual a 1 la contribución en términos de población de una provincia es pareja a su superficie, y la densidad de población igual a la media del país.


Acceso al mapa en CARTO

En 1787 este indicador mostraba un valor máximo de 3,58 en Pontevedra y un mínimo de 0,42 en Ciudad Real, por tanto la relación entre la provincia más densamente poblada y la que menos era de 8 a 1. 

Por entonces 26 provincias mostraban valores mayores que 1, y 24 provincias menores 1, con una desviación típica de 0,30.
 
Como curiosidad muestro el ranking de población absoluta, encabezado por La Coruña; en general se observa que la España Verde tiene mayor capacidad portante en el escenario preindustrial... ¿y Madrid? ¡no aparece hasta el 9º puesto en términos absolutos, y el 10º en términos de densidad! 





En 2011 sin embargo son sólo 20 provincias las que muestran valores mayores que 1, y encontramos 30 provincias por debajo de 1. El valor máximo es el de Madrid, con 8,64, y el mínimo lo dan Soria y Teruel, con 0,1… es decir: su densidad de población es una décima parte de la densidad media de España y la relación de densidades entre la máxima y la mínima es hoy de 88 a 1. La desviación típica ha pasado a ser de 0,67. 

Acceso al mapa en CARTO
Esto nos da una medida de los desequilibrios registrados. Hoy la población está repartida de forma muchísimo más heterogénea que nunca en el pasado (y eso que he trabajado a nivel provincial, si este estudio se replicara a nivel municipal la distribución sería mucho más desbalanceada). 




Vale la pena hacer foco también en la cola de la clasificación según la ratio de [participación en población/participación en superficie] para ver cómo entre los últimos puestos están las provincias de la "Celtiberia" (Sistema Ibérico: Soria, Guadalajara, Teruel y Cuenca, cuando no eran éstas las menos densamente pobladas en el s XVIII, sino las de La Mancha):




Por último, en la pestaña VARIACIÓN PES REL (2) mido la contribución de cada provincia a la demografía del país en 2011 en relación a esa misma cifra en 1787. El siguiente mapa representa esta evolución, que hace patente la pérdida de peso de la España Central, a la que se unen en su declive Galicia y Asturias:


Acceso al mapa en CARTO


Como muestra paradigmática en la cola destaca Teruel, que suponía el 1,83% de la población de España en la era preindustrial (con 191.000 habitantes), y hoy representa el 0,31% (con 153.000, tras haber alcanzado un pico de 255.000 en 1910).



En la cabecera hay solo 13 provincias que han aumentado su contribución y que han ganado peso relativo en los dos últimos siglos: Madrid, que suponía el 2,78% de la población a finales del s XVIII, hoy pesa un 13,72%. Barcelona pasa del 3,35% (4ª en el ranking por población en 1787) al 11,8% sobre el total de España. Sin duda las grandes triunfadoras del cambio de modelo, en ellas residimos los nietos de la España Vacía. 




Una vez cuantificado el Gran Trauma, cabe preguntarse por qué... ¿por qué la España interior no se subió al tren de la industrialización en su día, y de la terciarización posteriormente? 

Generalmente se piden soluciones externas, infraestructuras, universidades, pero, dándole la vuelta al predominante discurso victimista y pesimista, quizá la cuestión sea ¿qué tiene el territorio X que ofrecer al mundo? ¿Qué incentivos tiene una persona que no quiera dedicarse a la agricultura para quedarse a vivir en el medio rural de la España vacía? Seguramente la clave esté en la explotación turística de ese gran patrimonio arquitectónico herencia de tiempos mejores, pero también en la innovación y en la capacidad exportadora; en Alemania sí encuentras pueblos de 20.000 habitantes que son sedes de marcas que venden en todo el mundo, ya sea componentes automovilísticos, moda, óptica, o intangibles, como software... ¿hay esperanza para que esto suceda en Zamora, Soria o Cáceres?

En función de lo que uno le pida al lugar en el que vive, y dada la gran calidad de vida que ofrecen los municipios medianos -en los que el presupuesto monetario y temporal cunde mucho más- ¿pueden las tecnologías que favorecen el teletrabajo cambiar el sentido de los flujos migratorios? 

Es más, en el escenario del fin de la energía barata, ¿se acomodará la futura distribución demográfica a la forma que tenía antes de crear grandes y voraces concentraciones de población a hombros de la disponibilidad ilimitada de energías fósiles?  

Food for thought. Hasta aquí la parte seria. Cierro ahora con un divertimento


¿Y si la España Vacía fuera un país?


Este es el tipo de comparaciones que me han entretenido en el pasado entre un territorio fragmentado y otras zonas bien conocidas.

Veámoslo primero por superficie... sería mayor que Filipinas, Ecuador o Reino Unido, pero solo más poblado que Nueva Zelanda, Finlandia o el Sáhara Occidental:


Y a continuación por densidad de población… no está tan lejos de EEUU (un país también bastante vacío y heterogéneo):



Si hacemos este juego con la España Mediterránea+litoral Sur vemos que es comparable en tamaño a Grecia… pero que la dobla en población:

  

Y que su densidad está por encima de la de China (densidad promedio, sin considerar sus propias y tremendas desigualdades internas):


Curioso, nuestra España Verde es mayor que la verde Suiza:


Y su densidad similar a la de la fértil Francia (cuya decidida política agragria retuvo en la segunda mitad del s XX a gran parte de su población rural):



Por último, Joaquín Sabina cantaba aqullo de "aquí no queda sitio para nadie", pero ¿está Madrid tan lleno?... pues menos que el hiperpoblado Bangladesh, pero sí más que la isla de Taiwan:
    



El próximo censo, ya sabéis: en 2021 ;-)

domingo, 12 de febrero de 2017

¿Qué es una Ciudad?



Recojo hoy la charla que dí el pasado septiembre en Databeers, evento organizado por grandísimos amigos, y del que uno siempre disfruta, ya sea como oyente o como ponente. 


El título encierra un guiño: allá por 2012 Marcelo Soria me planteó cuestión de qué es una ciudad, y mi respuesta fue que depende, la ciudad es un poliedro, que nos da una cara en función de cuáles sean los ojos que la observan….



Podríamos empezar por la definición en negativo, describiendo qué no es una ciudad, pero esto no nos sirve del todo, porque tanto el medio natural como el rural tienen virtudes que es muy bueno traer al ámbito urbano:  ya en el siglo XIX surge la corriente higienista que diseña los grandes parques urbanos (Central Park) o abre cotos, bosques o jardines de la realeza al pueblo (Casa de Campo, Retiro, Hyde Park). También proliferan hoy en día las Apps para encontrar a tus amigos que se encuentren alrededor, ¿no es esto de bajar al bar a ver a quién te encuentras algo muy “de pueblo”, que la escala de la ciudad dificulta?



Por otro lado podríamos definir las cualidades más deseadas de una ciudad equilibrada y autosuficiente diagnosticando los problemas de los entornos urbanos de peor calidad:

Por un lado exceso de densidad sin orden y sin infraestructuras básicas en el caso de los tugurios o arrabales propios de países en desarrollo. 

Por otro, el mal ejemplo en países desarrollados lo constituye el modelo de dispersión urbana propio de los  suburbios dependientes del vehículo privado, en los que la escasa densidad,  la falta de diversidad de usos y de servicios conforman lugares monónotos en los que no hay ninguna motivación para desenvolverse caminando, o para extener redes de transporte público, ni siquiera para que subsistan comercios de proximidad... dando lugar a calles muertas.


Siguiendo con la analogía del poliedro y de los distintos puntos de vista con los que definir a una ciudad, no puedo dejar de recordar a mi abuela, que era de Tarazona, el mismo pueblo de Paco Martínez Soria: ella se llevó un disgusto el día que le dijimos que veníamos a vivir a Madrid, la ciudad del pecado, la nueva Babilonia. Las veces que había venido a la capital se sentía desubicada, le fastidiaban aquellas mismas cosas que yo valoro en positivo: el no conocer a nadie cuando caminas por la calle, toda la oferta de actividades alternativas (o complementarias) a ir a misa, etc



Mi hija sin embargo lo ve todo con ojos limpios, tiene 6 años y está descubriendo que hay profesiones y actividades distintas, y que la ciudad le puede ofrecer tanta diversión como el campo o la playa, si está diseñada pensando en losniños, cosa que no siempre ocurre…



Más puntos de vista: para un sociólogo la ciudad es aquel lugar en el que se originan los cambios, el tablero de juego sobre el que definir las reglas de convivencia…



¿Podemos imaginar el debate público que habrían montado en las redes sociales, de haber existido por entonces, Jane Jacobs y su némesis, Robert Moses?



Desde hace pocos años la tecnología ha creado nuevos canales que ponen voz "al pueblo", o al menos a una parte de él: cabe preguntarse qué voces quedan excluídas de estos nuevos foros...


 ...y también hay que reflexionar sobre si los que más impacto tienen son voces representativas y cualificadas... en todo caso la gran paradoja es que, teniendo los canales, la participación sea tan baja en muchos procesos.



Para hablar del último punto de vista, me centraré en mi gremio [inciso: aquí es donde cuento cómo descubrí la vocación jugando a la primera versión de Simcity allá por los primeros años 90, y cómo dentro de las cuatro espcidalidades que se podían cursar en la escuela de ingenieros de caminos de la UPM, opté por ordenación del territorio, por su componente mixta entre ciencias y humanidades, con alta componente medioambiental]
un urbanista ve el territorio como un lienzo sobre el que dibujar, y por supuesto que se basa en datos, pero en datos demasiado estáticos: levantamiento topográfico, disponibilidad de recursos (agua, electricidad) para satisfacer consumos medios y consumos punta, capacidad de las infraestructuras de acceso…


Es importante distinguir dos tipos de urbanismo, en primer lugar el expansivo, que planifica y ordena el precimiento para evitar los desequilibrios citados en la definición negativa de "ciudad", esta parte de la disciplina es clave, pues sus resultados se disfrutan o padecen durante décadas, y son difícilmente reversibles; mi primera etapa profesional se enmarcó en un ciclo de fuerte expansión con pies de barro, como se vio a partir de 2008. 



 ...mientras el urbanismo expansivo tiene recorrido allí donde hay crecimiento urbano (en la actualidad en la mayoría de países en desarrollo, en los que, al crecimiento demográfico, se suma la emigración del campo a la ciudad), el segundo tipo, el urbanismo de mejora de la ciudad consolidada es necesario de forma creciente en todo tipo de contextos: diagnóstico y propuestas de reforma de zonas urbanas con problemas de funcionamiento, de deterioro físico de los espacios públicos y privados, de las infraestructuras de servicios urbanos, o de deterioro socio-económico por disfunciones del tejido social, que se manifiestan en declive, ruptura social o pérdida de vitalidad. 


 ...en este proceso de actualización y transformación de la ciudad aparecen el conjunto de medidas de mejora basadas en herramientas tecnológicas, que se suelen enmarcar bajo el término "ciudades inteligentes", o smart cities, y con ello llega una nueva forma de ver la ciudad... 




….por fin, llegamos al punto que protagoniza Databeers, de la mano del IoT: LOS DATOS


...ahora podemos cambiar la escala temporal, y, gracias a unas nuevas fuentes de información de alta resolución, ver (y pronosticar) el ritmo vital de la ciudad en muy diferentes planos a partir de las interacciones reales de los ciudadanos...



...esta visión ampliada ha de ayudar en la planificación de nuevas infraestructuras, y en la gestión mejorada de los sistemas existentes en todos los ámbitos, desde la movilidad, hasta el uso eficiente de recursos hídricos y energéticos, o la mejora de la cohesión social (ejemplos aquí o aquí).



Como cierre, llevamos ya unos años excuchando hablar de ciudades inteligentes, de proyectos piloto y prototipos de automatización y optimización que han servido para medir sobre casos reales el valor social, medioambiental y económico de las mejoras anunciadas... ha llegado ya la hora de las soluciones reales y escalables, implantadas de forma general y percibidas por la sociedad como respuesta a (parte de) sus problemas como ciudadanos.